...]Ensueña algo mejor.
Explora lo imposible.
Emprende un viaje hacia la tierra prometida, la libertad aún no acontecida:
la que los sueños prometen hacer real.
La que nos comprometen a crear.
El hombre es sus sueños.
[...]El hombre es infinitamente más que lo que es: es todo lo que puede ser.
[...]Otro nos habla en el propio sueño: el que aún no somos.
[...]La persona humana postula lo imposible y, en este imposible revela su
humanidad: su ser más allá de sí.
[...]Lo imposible es, en él, lo más propio. Lo que lo desapropia de todo lo
ya logrado, lo exilia de todo lo ya llegado.
Desde el exilio de lo que ya fue, hacia el siempre éxodo de lo que será,
debe fundar la tierra a recorrer:
debe crear.
[...]El hombre, ser de lejanías, por todo esto, es un ser u-tópico: no tiene
lugar. O lo que es lo mismo pero más:
todo lugar es suyo,
menos donde ya ha estado,
donde ya ha marcado sus pasos.
[...]A diferencia de la razón, siempre diurna, que descubre lo ya existente,
lo combina –resta o suma-, la imaginación es vida:
genera.
Salto cualitativo desde lo que es hacia lo nuevo: salto que saltando dibuja
lo que será.
El hombre suscita mundos, abre claros en los bosques más espesos.
Lo hace en la medida en que le es dado trascender lo ya existente:
imaginar.
El logos imaginario lo hace capaz de originar mundos,
anticipar paisajes, poblar ideales.
Esperarse a sí mismo en sus propias metas. Llegar a habitar sus sueños.
Todo lo creado fue una vez creido.
Creer es crear.
[...]Puesto que el hombre lo habita y construye, lo anima, el mundo puede
ser otra cosa que lo que es:
la persona humana es la diferencia entre lo que es y lo que puede ser.
[...]Para la intuición utópica, para la imaginación simbólica, lo objetivo
es lo potenciable.
No lo acabado.
[...]Ver, vislumbrar imaginariamente, es irrumpir hacia lo no pensado. Hacia
lo otro que pensar.
El hombre es portador de la fuerza de lo posible: la voluntad cuando
instaura alternativas.
Cuando anticipa futuros fundando comienzos.
Cuando inaugura palabras.
Cuando libera silencios.
Cuando no se ciñe a ser la herramienta de la razón operativa; cuando es hija
de las bodas del deseo y la imaginación.
Cuando es el gesto de un sueño,
cuando inaugura formas,
cuando forma constelaciones.
Cuando abre lo cerrado.
Cuando obra en lo abierto.
Cuando expande semillas,
cuando siembra desiertos.
[...]Aún al lado del ser más cercano, aún en la misma noche, cada hombre
sueña su sueño:
cada humano sueña solo.
La utopía también es un sueño, pero ni mío ni del otro, un sueño con otros.
La utopía es la plural singularidad del sueño que reune.
Una constelación de sueños,
y, a la vez, el común despertar de una comunidad.
Es el soñar un mismo sueño que hace de los soñadores una comunidad:
una comunión de deseos,
una marcha de destinos.